Por una noche, no quise oler tu cuello, ni morder tu labio. Por una noche, quise cambiarte por otro, me tumbé en una cama distinta; al principio sentía tus abrazos y tu espalda, pero luego? Luego desapareciste, como yo de tu cabeza. Lo que no llegué a sentir fue la forma en que tu me mirabas. Por una noche, el sol se fue de otra manera, y ni siquiera sé si vino la luna.